Héroes del Brillo

Son unos tres mil lustrabotas los que diariamente salen a las calles de La Paz y la ciudad de El Alto en busca de clientes. Hay de todas la edades y en los últimos años se han convertido en un fenómeno social único en la capital boliviana.

Lo que caracteriza a esta tribu urbana es el uso del pasamontañas para no ser reconocidos por personas de su entorno. La discriminación por la que atraviesan es enfrentada con estas máscaras. En su barrio no saben que se dedican a esta tarea, en la escuela lo ocultan e incluso sus propias familias creen que tienen un oficio distinto cuando bajan desde El Alto al centro de la ciudad.

La máscara es su identidad más fuerte, que los invisibiliza al mismo tiempo que los une. Este anonimato colectivo los hace fuertes frente al resto de la sociedad y es su resistencia contra la exclusión sufrida por realizar este trabajo. 

Durante seis años colaboré con los sesenta lustrabotas nucleados en el periódico callejero “Hormigón Armado”, planificando escenas en talleres participativos de comic y storyboards, incorporando los elementos locales de la urbanidad de El Alto y realizando sesiones fotográficas donde ellos son los co-autores de un fotolibro callejero para luchar contra la discriminación social.

El proyecto:

Como narrador visual, facilito procesos participativos utilizando la metodología latinoamericana del «Teatro del Oprimido» para fomentar la implicación y definir los problemas reales que siente la gente. A continuación, creamos una emancipación ficticia mediante collages y novelas gráficas, desarrollando un guion gráfico con la narrativa decidida por el grupo. Por último, trabajamos todos juntos como un equipo de cine para coproducir una historia visual que dé vida al mensaje, a través de productos físicos y acciones en su territorio.


Financiamos estas actividades a través de una filosofía de economía circular basada en el siguiente concepto: si involucramos a la comunidad en la creación de la narrativa, la comunidad debe ser reconocida como coautora y recibir el 50 % de los ingresos derivados de cualquier distribución de las imágenes. Los beneficios de la industria fotográfica en el Norte Global, como las ventas en galerías, los premios, las tasas de exposición y las publicaciones, garantizarán la sostenibilidad de las acciones en el Sur Global.


La transformación social no solo significa una mayor visibilidad para estos 60 trabajadores, sino que también supone una contribución a sus ingresos diarios. Hemos elaborado numerosos productos para vender en el centro de la ciudad, como álbumes de fotos, CD de rap, juguetes, calendarios y postales, y el año pasado abrimos un restaurante llamado Lustra Gourmet, regentado por mujeres limpiabotas, para servir comida tanto a los trabajadores como a los visitantes de la zona.

Todos estos productos se financian gracias a la difusión del proyecto dentro del ecosistema de la industria fotográfica, como contribución directa. Nuestro objetivo final es acabar con el estigma que existe en la ciudad, quitarnos la máscara y ser respetados como trabajadores normales de la calle, al tiempo que mejoramos su calidad de vida en el día a día.


En definitiva, la fotografía de ficción resultó mucho más eficaz para el grupo a la hora de transformar las actitudes discriminatorias que el mero hecho de documentar la superficie de su propia realidad.

Metodología de trabajo